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Autor: DiarioRegionalAysen , 21 de abril de 2021

El enigma de la Isla de los Muertos de Tortel

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Impacta visitar la Isla se los Muertos, a 6 kms. de Tortel. Lamentablemente las crecidas del río Baker están afectando las 33 tumbas que datan desde 1906.
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[#HistoriasDiarioSur] En 1906 un vapor chilote rescató a un grupo de obreros abandonados a su suerte en el sector Bajo Pisagua. Hubo 59 personas que murieron de hambre y enfermedad y otros creen que los envenenaron.

Era septiembre de 1905 y Melchor Navarro fue reclutado en Chiloé por la Sociedad Explotadora del Río Baker para ir a trabajar en la tala de cipreses, una actividad que en los primeros años del siglo XX daba buen dinero a los hacheros. En principio, la empresa les dijo que iban a ser seis meses de estar alejado de sus cercanos y viviendo en condiciones duras por el frío y la lluvia patagónica y en medio de un ambiente húmedo, casi agreste, pero Melchor estaba dispuesto a ello, era hombre de trabajo y su familia bien merecía cualquier sacrificio, no se iba a amilanar.

Melchor Navarro nunca pensó que la esperanzadora oferta de trabajo en el sur casi inexplorado se iba a convertir en un calvario para 200 obreros. ¡Las provisiones llegarán, así lo prometieron en la empresa! ¡Hay que aguantar, ya llegarán! se dijeron unos a otros cuando yacían enfermos y ya escaseaban las provisiones.

Nunca los fueron a buscar después de los 6 meses acordados. Hoy se conoce el nombre de Melchor Navarro porque es la única cruz que lleva nombre y la fecha 2 de agosto de 1906 como data de su muerte en la Isla de los Muertos, a 6 kms. de la comuna de Tortel. Melchor nunca más volvió a su Chiloé natal y su cuerpo se quedó en aquella isla que es testigo de la terrible tragedia que significó la mortandad de obreros abandonados a su suerte.

El caso fue tratado con interés por la prensa escrita de comienzos de siglo. Hambre y la enfermedad del escorbuto –que producía hemorragias y moretones en el cuerpo- habrían sido las razones de la muerte de este desafortunado grupo. No obstante, en Caleta Tortel –que no existió hasta 1955- hay otra versión, más enigmática y –por qué no decirlo- hasta siniestra, pues aseguran que los trabajadores fueron envenenados por la empresa que les dejó sus provisiones con una sustancia dañina que lenta y pausadamente los habría matado y de esa manera no tendrían obligaciones de pagarles.

¿Tiene sentido esta teoría tan horrible? Hay varias opiniones y algunos historiadores de la región creen que no es descabellado pensar en esa posibilidad. Esta es la historia del campamento Bajo Pisagua, hoy conocido como la Isla de los Muertos.

SOCIEDAD RÍO BAKER

La Sociedad Explotadora del Baker, cuyo principal accionista era Julio Subercaseaux Brown, logró hacer un contrato de arrendamiento con el Estado de Chile cuyo presidente era Germán Riesco por aquellos años. Esta compañía estaba formada por accionistas que veían como un negocio la explotación del recurso maderero y de la crianza de ganado, mientras que el Estado veía estos acuerdos como una buena oportunidad para fomentar la colonización del territorio.

En 1905 doscientos trabajadores de Chiloé, la mayoría oriundos de Dalcahue y la isla de Quinchao, fueron reclutados por la Sociedad Explotadora del Baker para ir a trabajar en una isla ubicada en el delta del río Baker, se trataba del sector Bajo Pisagua y muchos iban entre amigos o compadres a trabajar duro, hacerse de un buen dinero y volver a la querida isla. Entre ellos iba Melchor Navarro.

En Pisagua Bajo había barracones para el descanso de los obreros, un comedor y otras dependencias para el desarrollo de su trabajo, además de los víveres.

Cuando se cumplieron los seis meses todos se preguntaban cuando iba a llegar a buscarlos, pero los días pasaron y no se supo nada. Pasó el verano, después llegó el otoño y los trabajadores tuvieron que racionar la comida, hasta que les llegó el invierno y se cree que los víveres se les acabaron entre junio y julio. Hambrientos y desesperados los testimonios de los sobrevivientes hablan que muchos de sus compañeros murieron de una extraña enfermedad que les producía hemorragias y moretones en el cuerpo.

MALA SUERTE

¿Pero qué pasó que no llegó nunca una embarcación a buscarlos?

Se dice que se contrató un barco en Punta Arenas para que pasara a buscar a los obreros a Bajo Pisagua, sin embargo naufragó en el estrecho de Magallanes. La empresa consiguió un segundo barco recién en agosto de 1906 en Talcahuano, pero el día 16 se produjo el terremoto de Valparaíso y el barco fue confiscado con todo lo que llevaba y debió seguir al puerto principal, olvidándose de la misión de ir a buscar a los obreros del Baker.

Desde el 7 de julio al 30 de agosto de 1906 murieron entre 33 a 35 personas, las que fueron sepultadas por sus propios compañeros en un ataúd de madera y marcando sus tumbas con una cruz de madera de ciprés. La única cruz que está con un grabado que el tiempo no ha podido borrar es la de Melchor Navarro, fallecido el 2 de agosto de 1906 a la edad de 35 años. El cementerio estaba alejado del campamento de Bajo Pisagua, tal vez para evitar problemas de salubridad o porque pensaron que había una peste.

Pero fueron 59 las víctimas de esta negligencia empresarial, pero los otros cuerpos fueron sepultados en el mes de septiembre en otro sitio funerario que no ha sido descubierto todavía.

El rescate final de los chilotes fue el 27 de septiembre de 1906 cuando pasaba por el lugar el vapor Araucanía, cuyo capitán era Guillermo Titus. Esta tripulación recogió a los sobrevivientes, pero con recelo, pues pensaban que todos tenían una enfermedad contagiosa.

Durante el viaje de regreso a Chiloé, 7 obreros más perdieron la vida a bordo del Araucanía. El vapor dejó a sus deprimentes pasajeros en Achao y Dalcahue y recaló en Ancud donde decidieron desinfectar toda la embarcación.

Lamentablemente para estos trabajadores nadie dio explicaciones acerca de lo ocurrido y la empresa bajó totalmente el perfil a los hechos o acalló a los medios escritos que dieron a conocer la triste tragedia en su momento. Por aquellos años no había leyes sociales que favorecieran a los trabajadores y, lamentablemente, siempre que los obreros intentaron organizarse o realizar huelgas los alzamientos terminaban con masacres horrorosas como la Matanza del “Mitin de la Carne” en Santiago del 22 al 27 de octubre de 1905, la Matanza de Plaza Colón en Antofagasta el 6 de febrero de 1906 o la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique el 21 de diciembre de 1907.

¿ENVENENAMIENTO?

Por años los balseros de río Baker esparcieron el rumor de que los obreros no murieron por abandono o enfermedad, sino que habían sido envenenados progresivamente por la Sociedad Explotadora, pues por aquellos años los obreros chilotes tenían conocimiento de supervivencia en el bosque y conocían las hierbas que podían sanar. Así por años ha circulado el rumor de que los chilotes murieron por una sustancia tóxica añadida a sus alimentos.

Si es que hubo un envenenamiento este no fue masivo, pues los trabajadores fueron muriendo día por día desde el 7 de julio hasta el 26 de septiembre de 1906

Recién en 1998 se hizo un trabajo serio con arqueólogos y antropólogos para descubrir evidencias de lo ocurrido, pero la humedad y las condiciones climáticas hicieron que no se encontrara mucho, salvo algunas piezas dentales y botones de la ropa de las personas sepultadas. Tampoco se encontró evidencia clara de un envenenamiento. Además, las crecidas del río Baker poco a poco van afectando la conservación del sitio funerario.

Posteriormente el 23 de mayo de 2001 la isla fue declarada Monumento Nacional y es un sitio muy visitado por los turistas que viajan hacia Caleta Tortal. 

Lamentablemente la ciencia no ha podido comprobar lo que ocurrió realmente, prolongando el misterio en torno a este triste episodio en Aysén.

 

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