En Aysén, donde las historias suelen adquirir apodos más rápidos que las biografías, los carabineros del principio se agrandan como el sol de los ocasos
Dos virtuosos pioneros de las tierras de Aysén pasan hoy por estas sendas para dejarnos sus historias escondidas. Quiero que el viento no se lleve estas palabras
Entre doña Berta Aguilar de Chacabuco y el galés Juan Richard, un elegante ejercicio de estupefacción y conocimiento en el Aysén de los principios.
Cuando los autos circulan sin estridencias y las conversaciones se disuelven en el aire frío, aparece inevitable la comparación entre nuestra querida plaza de armas coyhaiquina y la vieja Place de l’Étoile de París.
No fue para cualquiera el amigo Chevasco. Don Germán, cuando hacíamos radio en Santa María por allá por los ochenta, ya me lo había advertido: mejor no lo saques al aire, este hombre provoca terremotos.
Recorrer mi tierra es como meter los pies en un río que sabe mi nombre. Camino por mis primeros días y me rozan verdades algo desordenadas, nostalgias con sombrero, que no se arrancan cuando uno las mira de frente; se quedan ahí, mascando el silencio a mi lado
Aysén fue colonizado a base de incendios. El bosque cayó para que existiera el asentamiento humano. No hubo culpa, porque no había relato y tampoco hubo escándalo, porque no había espectadores. El fuego arrasó con todo, y en esa devastación se fundó un gigantesco territorio.
Patagonia irónica, polvo y ovejas que jamás pidieron permiso. Una construcción llena de albures, emprendimientos exitosos y patriarcas respetables que en su juventud corrían más rápido que la ley.
Las escenas del pueblo de Baquedano parecen formar parte de un recuerdo que va y vuelve, sube y baja, se acerca o se aleja del tronco virginal. Leamos las razones.
Trataré hoy de usar los mismos detallísticos sucesos que me contaran otros. Nunca fui a verlo a Hein. No pude, aunque hubiera querido. El cariño de esa familia siempre me sobrecogió.
Resbalando como una excusa inevitable—Aliro Asenjo se dejó caer en el silencio de mis 15 años, igual como caen ciertas músicas, sin pedir permiso.
A fines de 1924, cuando el calendario ya bostezaba y Aysén empezaba a oler a verano ralo, don Francisco Maureira decidió que era hora de vender el ganado.
Sesenta y ocho años después, Coyhaique todavía no regresa. Insiste. Vuelve como vuelven los inviernos mal curados, con un crujido en las bayetas del tiempo y ese olor a leña mojada que no pide permiso para entrar en la memoria.
La navegación continúa por estos ríos oscuros de la escritura, en medio de los espacios más escabrosos de nuestras casi olvidadas tierras de Aysén.
En los años primeros, cuando Aysén todavía era un rumor entre montañas y los caminos no eran más que huellas abiertas a golpe de herradura, las cartas y los mensajes viajaban a caballo.
Basilio Rubilar era carrero de los antiguos. Falleció trágicamente cuando iba a Laguna Foitzick a buscar leña en su carreta de bueyes. Mansilla administraría el Matadero y el Cementerio Municipal.
Nuestra actual plaza, emula la Place de l’Etoile de París por una gestión de dos regidores importantísimos que cumplían activos cargos municipales: Jorge Dowling Desmadril y Héctor Monreal.
Coyhaique y Baquedano constituyen la unidad de la vida en la conocida Pampa del Corral, lugar de argentinos, jinetes de paso y puebleros a la fuerza.
Anécdotas casi reminiscentes nos acompañan hoy en el Balseo, el Viviana, un Puerto Aysén creciente y varios personajes sugestivos y encantadores que me enorgullecen
No es fácil llegar tan lejos, recorrer palmo a palmo Aysén en busca de sus secretos arqueológicos, hacer que sus libros sean leídos en todo el mundo y descollar en los ámbitos académicos de prestigiosas universidades.
Los Mackay de Coyhaique grandes personajes
Conocí a Carlos Quintana Elorriaga cuando fui a Chile Chico. Aparecieron después en El Tranquilo Benicio Torres y José Ruiz Molina. Ambos pueblos formaban parte de un circuito de sectores lacustres que me maravillaron durante una semana completa.
Los programas se iniciaron en Julio de 1986, gracias a Germán Bauerle, un señor con pinta de alemán que caminaba tres kilómetros atendiendo la publicidad y las cobranzas.
La Esso Estándar Oil Company Chile, presenta a ustedes “El Reporter Esso”, el primero con las últimas noticias, que informa primero e informa mejor”, rezaba la recordada presentación de la Radio Minería a la hora 21, todos los días del año de mi niñez coyhaiquina.
En un ambiente lleno de sorpresas, historias y nudos desatados, me fui a sentar a una barca que me esperaba en las orillas de un puerto desconocido, una tarde de verano de 2019.
Según las cuentas que uno saca, mañana habrán pasado 71 años desde las primeras visiones del niño que andaba recorriendo Coyhaique en brazos de los vecinos y tanta abuela que había por todas partes.
He nacido en completo silencio sobre una cama blanda mientras mi madre se está muriendo en el parto. El cuerpo ha permanecido horas sobre una mesa de madera junto a un libro enorme y muy antiguo llamado El Cauce Infinito.
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